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Polémica en la cocina – 3/3

Mostaza en un supermercado francés | Foto : A. Labadie

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La gata Bardot así nombrada en honor a la actriz Brigitte Bardot…

…es el testigo discreto de la convivencia entre un argentino y una francesa. Nos cuenta los secretos del cotidiano culinario de este hogar.

 

Capítulo 3 : A la noche, ensalada, moztaza y queso

Para leer el capítulo 1: hacer clic acá

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Ella abre la heladera y lo mira con cierta satisfacción. Al fondo, justo arriba del cajón de las verduras, hay un tuper de plástico. Pequeñito, sencillo pero suficiente para provocarle una sonrisita de orgullo. Sí, en su hogar franco-argentino, se institucionalizó la boîte à fromage, caja del queso, es decir un espacio especial, cerrado, donde se conserva exclusivamente este alimento. En Francia, sirve sobretodo para preservar de los olores el resto de la heladera. En su hogar porteño, no tiene el recipiente tradicional : se trata de una simple tarrina de helado reciclada en la que había traido una vez un ejemplar de roquefort y de queso de cabra. (En aquel país no son comunes las heladerías artesanales y la gente suele comprar helado en el supermercado.)

 

En el hogar franco-argentino, se institucionalizó la boîte à fromage, la caja del queso.

 

También en esta misma heladera, lleva muchos meses preservando con amor el final inexorable del mini-frasco de moztaza de Dijon. La reliquia del frasco anterior la usan ahora de vaso, como corresponde en cada casa francesa. De hecho, le verre à moutarde es una especie de institución. De cualquier marca que sea, está pensado para ser reciclado así: algunos -más seríos y elegantes- son copas, otros decorados con dibujos animados, son para niños. Esta vez, ella no respeta la ley que se había impuesto, y se atreve a tomar una gran cucharada de mostaza para terminar la vinagreta: cocinará una buena ensalada de entrada. Saca de la heladera una bandeja de ravioles frescos. Esperando que el agua hierve, prepara con cariño la lechuga, los tomates, las zanahorias. A él le encantó la ensalada que ella hizo una vez, con nueces y roquefort (o tal vez era queso de cabra? Enfin algún queso recién traido de Francia), y habló de las frutas secas en la ensalada a todos sus conocidos durante semanas. Ahora, al no tener otros ingredientes , ella inaugura la salsa con moztaza. El agua está lista y introduce la pasta en la cacerola, torpemente, porque no está acostumbrada en manipular una “lámina” de masa.

 

Él entra precisamente en la cocina unos minutos después y la encuentra con el colador en mano. Observa sus gestos inseguros con una sonrisita y también con una mirada de desaprobación. Acá uno trata a la pasta con respeto y amor, no son simples fideos que te salvan de la falta de inspiración culinaria. Todo buen porteño tiene una abuela italiana o hija de italianos. Una Nonna que pasó días enteros elaborando sus propios tallarines para alimentar a todos en el almuerzo del domingo. Una Nonna que, de donde esté, en la tierra como en el cielo, supervisa la santa pasta. Aquella noche la pobre Cecilia se habrá retorcido en su tumba, es lo que indica la cara asombrada de su nieto. La francesa no tiene ni idea : acaba de vaciar sin ninguna delicadeza el agua en el colador y los pobres ravioles tiemblan como ranitas fuera del río.

 

Acá uno trata a la pasta con respeto y amor, no son simples fideos que te salvan de la falta de inspiración culinaria.

 

La ensalada tampoco no tendrá el éxito esperado. Al contrario, será tachada de “no terminada”, “hecha con poca onda”, argumentos totalmente injustificados para ella. Serán necesarios varios minutos de intercambio para entender lo que les molestan. En Argentina, los cánones de la ensalada exigen una lechuga ya aliñada y cortada en trozitos finitos, en finas bandas verdes. En Francia, en cambio, cortar las hojas de la lechuga no es muy ortodoxo; un cocinero respetable se suele disculpar cuando no le quedó otra que dividir las de tamaño más grandes.

Desde entonces, en esta casa, la ensalada tomó el mismo camino que la boîte de queso. A veces las hojas son dejadas intactas a la francesa, y con el aderezo incluido a la argentina. A veces es al revés. Y en ocasiones especiales, se añaden algunas nueces y trocitos de roquefort. En el día a día, en esta cocina el exotismo está hecho más que nada de pequeños detalles.