Depilación: la guerra declarada a los pelos 2/2

Depilación : la guerra declarada a los pelos 1/2
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Depilación: la guerra declarada a los pelos 2/2

La depilación, para ser hermosa siempre | Foto : A. Labadie

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CAPÍTULO 2

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La intimidad de la depilación

En Argentina, ninguna parte del cuerpo escapa a la mano ágil de la esteticista. Los lugares más recónditos están inscritos en una lista a la entrada del establecimiento. Dedos, nalgas, empeines, tira de  panza.
Llegando al templo del mundo lampiño, me cruzo con una rubia en la puerta. Vestidito hippie chic, chancletas informales, piernas lisas y perfectas : deduzco que recién salió del salón. Pero después de guardar el celular en su bolso, en vez de seguir adelante por la calle, se da la vuelta, abre la puerta y entra. ¿ Habré malinterpretado la situación? Mientras espero mi turno detrás de ella, la escucho hablar con la recepcionista: ¡¡pidió piernas enteras!! Otra vez le miro discretamente las patitas. ¡No veo absolutamente nada de pelo!

En Argentina, ninguna parte del cuerpo escapa a la mano ágil de la esteticista.

” ¿Algo más? ” le preguntan. Presto atención a la respuesta pero no es necesario acercase demasiado para escucharlo todo. Habla con tono de confidencia  tipo vos y yo, somos mujeeeeres, sabemos de que se trata pero no baja la voz. Y tiene la soltura de una habitué del lugar.
” La tira de cola. Me caso en cuatro días y tiene que estar IM-PE-CA-BLE ” contesta insistiendo en cada sílabas, como si el éxito del matrimonio dependiera de esto.
De hecho, me pregunto porqué este detalle puede interesar a su interlocutora que sólo la anota en la lista de espera y le cobra a la salida. Yo tengo ganas de reirme pero la empleada la mira con la cara más seria del mundo, compartiendo la gravedad de la situación.

La tira de cola forma parte de la larga lista de la entrada y parece ser una práctica muy común acá, incluso bastante normal. Por si no les queda clara la expresión, se trata de depilar la zona anal. En mi última visita, la depiladora me había dicho, sorprendida : “¿Ah no? ¿No querés la tira de cola? ¿Por qué? Queda tan prolijo.” Luego había exclamado casi horrorizada: ” Pero tenés parejaaa? ” ¿Cómo explicar a esta buena mujer que descubrí hace poco que el trasero era tan importante? ¡ Recién me entero que un hombre se puede quedar traumado porque no me hago la tira de cola! Es al menos lo que deja suponer su cara.

La tira de cola forma parte de la larga lista de la entrada y parece ser una práctica muy común acá.

Me acuerdo de la bombachita de Navidad: la moda es colaless, tanga, string. Obviamente, para los parámetros argentinos,  las clásicas bombachas europeas son unas verdaderas bermudas. Acá, que es normal enseñar al mundo los gluteos, incluso en la playa, tal tipo de práctica depilatora es comprehensible. Total, en la Edad Media, la moda era depilarse la frente … en el siglo XXI, es la tira de cola. Esto implicará también el ritual de la pinza, después de la cera? No me atreví a preguntarlo a las Argentinas de mi entorno. Pero les dejo imaginar la postura improbable que supone… A estas alturas, entiendo la familiaridad de la mano de la depiladora, que se pasa los días en contacto directo con la intimidad de sus compatriotas. Lo que me había parecido un gesto maleducado con mi ropa interior era en realidad puro profesionalismo!

Epílogo

Salgo de DEPIL+ después de unos quince minutos. Media hora de espera. Un cuarto de hora en la mesa del ” quirófano”. Tengo las axilas machacadas, las ingles todavía doloridas. Y como siempre estoy un pelín traumada. Primero culpo a mi francesidad, pero imagino que no necesito ser francesa para vivirlo así. Los consejos de belleza en la pantalla, los comentarios de la empleada, la espatula llena de cera… Hay que sufrir para ser linda. Este refrán nunca es tan real, tan actual como cuando una sale de un salón de belleza. Juro que ya basta, no volveré, es la última vez.
Hay que reconocerle algunas ventajas al asunto. Me esperan tres semanas lampiñas, tres semanas de depilación perfecta, durante las cuales pasaré desapercibida en el subte. No gasté mucho dinero: en Francia por el mismo precio, me hubieran depilado sólo las cejas. Pero ya está decidido, nunca más!

Sin embargo, resulta claro que todavía no estoy preparada para ir más allá de las convenciones sociales y exibir mi pilosidad al mundo. En algún momento, volveré a Depil+, por razones que escapan a mi propio entendimiento. Tal vez por facilidad, o tal vez porque la presión social sea más fuerte acá… Y, mientras fijaré la pared blanca para engañar el dolor, escucharé a la esteticista decirme con un suspiro: ” Hay que venir más a menudo “.

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