Mala leche en el supermercado

Fogones que invitan a festejar 1/2
8 diciembre, 2017

Mala leche en el supermercado

Sachets de leche en el supermercado. | Foto : A.Labadie

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La pampa, los gauchos, las vacas… todo eso existirá en Argentina  ¿ sólo para comer carne ?

Pero esas malditas vacas tienen terneros ¿ no ?  ¿ Dan leche ?  Entonces ¿ porqué no encuentro las botellas de leche ? ¡ El supermercado de Bariloche no es tan grande !

Imposible encontrar leche

Ahora mismo no me acuerdo muy bien cual era el motivo  exacto de la compra. Para unos crepes ¿ a lo mejor ?  Ya no lo sé. Pero recuerdo que abandoné a la primera tentativa. No encontré botellas de leche, tampoco tetrabrick. Salí del supermercado, medio indignada, medio incrédula. ¡ Pero si la leche es un producto de primera necesidad ! Después, me lo pienso mejor. Quizás beber leche y comer queso sean costumbres muy francesas…

Vuelvo con las manos vacías. Y más adelante, me encuentro otra vez en la misma tienda, esta vez acompañada por una autóctona que me lleva a las góndolas frigórificas y veo eso, lo de la foto.

Muchos saquitos (sachets como dicen aquí). Al principio, sólo identifico yogur líquido. Estoy a punto de protestar cuando miro más detenidamente. No, no estoy soñando: ¡ la leche está acá! Rojo para la leche entera. Verde para la semi descremada. Sí, los Argentinos beben leche. Las vacas argentinas tienen terneritos, como todas las vacas del mundo. Me siento más tranquila al volver a encontrame con esta referencia cotidiana. Sin embargo, el misterio todavia no se resolvió del todo…

El enigma de la leche no se termina con su compra 

Observen bien este sachet y ahora imaginen como servirse un vaso. Este tipo de envoltorio es francamente poco práctico. Una de mis amigas argentinas me enseña el último elemento que me faltaba.

Una vez entendidas todas estas informaciones, beber leche en Argentina parece una práctica mucho más sencilla.

Epílogo

Final feliz, entonces. La leche se abre de un tijeretazo y listo! Pero… mi primer intento es catastrófico.
Afortunadamente, el ingenio argentino supo contrarrestar la torpeza francesa y evitar los peores desastres en la heladera. Así, los primeros sachets abiertos por mí vivieron todo tipos de aventuras y arreglos: cinta scoth sobre una apertura demasiado grande, tijeretazo de emergencia en la otra extremidad… pero todos sobrevivieron!