“Que lindo es Paris”: clichés sobre Francia desde Argentina

7 rarezas de la cocina argentina
26 junio, 2019

“Que lindo es Paris”: clichés sobre Francia desde Argentina

Paris y la torre Eiffel son emblématicos de Francia.

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¿Y si todo lo que les contaron sobre Francia no fuera verdad? ¿Y si los niños no vinieran de París?
En las siguientes líneas, encontrarán algunos de los clichés más comunes sobre Francia, con estas típicas frases que siempre escucho cuando cuento que soy francesa. Ojo, si usted siempre fue admirador del país galo, esta nota les puede causar alguna que otra decepción. Así, que piénsenselo bien antes de leerla. Los clichés sobre Francia son en su mayoría positivos, sin embargo, en muchos aspectos me parece que hablan más de los sueños de los argentinos que de Francia en sí. Vénganse con su mejor sentido del humor y prepárense para reírse de ustedes mismos: vamos a conocer Francia con ojos de porteños…

 

1. Francia es París

Por algo la capital argentina es apodada “la pequeña París de América de Sur”. No sólo por la arquitectura de Recoleta, sino por la atracción de esta ciudad entre los porteños. A veces me sorprende cuánta admiración puede generar el Viejo Continente acá, hasta un punto casí ingenuo.

” Aaah ¡ que lindo es Paris!  

Esto es lo que escucho una y otra vez cuando digo que soy francesa.

Ah sí ¿ ya conoces? ¿la visitaste ?

– Nooo, nunca fuí pero ¡me encanta esta ciudad! “

El entusiasmo se disipa un poco cuando aclaro que no soy parisina. E incluso siento una pizca de decepción cuando menciono a España, para  ubicar Carcassonne, mi ciudad natal, situada cerca de la frontera: pierdo un poco de exotismo. No puedo hablarles de recuerdos de infancia entre el Louvre y los Campos Eliseos. Es más, termino de desilusionar a mi interlocutor si le cuento la verdad: conozco muy poco la capital de mi país. Crecí a unos 800 kms de allá, en la otra punta del país, en un pueblo del Languedoc por el Sur de Francia. Nunca viví en París y siempre estuve de paso como una turista más. En este punto de la conversación, en general mi interlocutor porteño o se queda definitivamente decepcionado o, según el caso – más frecuente entre las mujeres – le puede agarrar un nuevo impulso de entusiasmo (aah que lindoo!) cuando escucha la palabra “pueblo” porque…

 

 

2. Los pueblos de Francia son de cuento de hadas

Si la capital francesa es la ciudad más romántica del mundo, los pueblitos de la campiña francesa, ellos, serían  una especie de entorno ideal digno de cualquier cuento de hadas y no tendrían nada que envidiarle a la ciudad de las luces. Tardé en entenderlo, pero los europeos no nos damos cuenta hasta que punto vivimos rodeados de edificios centenarios.

En Buenos Aires, una iglesia del siglo XVIII constituye una verdadera antigüedad, mientras un templo de aquella época en cualquier pueblo francés sería de los más recientes. Ahora entiendo que para un argentino el patrimonio histórico europeo es pintoresco y encantador.  Cada vez que vuelvo a Francia empiezo a mirar con otros ojos esta aldea de 3 casitas y su iglesia, las callejuelas medievales del centro, las fachadas con entramado de madera, las pequeñas parcelas de viñedo, la capilla solitaria encima de la colina. Todos estos detalles son para un porteño un entorno soñado de otra época, digno de una película. En cambio para mí, un pueblo bonaerense me remite al imaginario de los westerns, ubicados en una immensa llanura, con sus cuadrículas urbanas impecables, sus casas bajas, sus fachadas blancas.

El pueblo de la Petite Pierre en Alsacia, en el Noreste de Francia

Fachadas de la plaza principal de Mirepoix  en Ariège, en el Sur Oeste de Francia

 

 

3. Los franceses no se lavan y las francesas no se depilan

Yo no me lavo el pelo todo los días.

….

….

Aquella vez, provoqué un profundo malestar con esta frase. Luego entendí que los franceses seríamos unos verdaderos chanchos. De hecho, por eso habríamos inventado el perfume: para esconder los olores.

La higiene – y por ende de la sensibilidad a los olores – es una cuestión casi obsesiva en Argentina, como en muchos países donde el clima suele ser caluroso. En verano, comprendí que bañarse varias veces al día se hace inevitable (también en invierno me baño todos los días eh….). Acá descubrí la utilización cotidiana del bidet – en algún momento les escribiré más sobre este tema-  para mí era sólo de uso femenino una semana al mes. Como mujer, la exigencia me resultó más fuerte todavía: peluquería, shock keratina, manucuría son prácticas imprescindibles en el manual de  la “argentina perfecta”.  Sin hablar de la depilación… ya les conté en otra crónica la experiencia que fue para mí: los pelos, enemigos numero 1, buscados y eliminados hasta en los lugares del cuerpo más  improbables.

Entonces sí, puede ser que los franceses no somos tan cuidadosos con la limpieza, pero les pregunto ¿ los argentinos no serían simplemente un poco obsesivos con este tema?

 

 

4. Los Franceses son expertos en libertinaje

Nuestra negligencia en término de higiene sería bastante compensada por nuestras habilidades en las cosas del amor. Los franceses seríamos amantes altamente experimentados, pero no sólo grandes románticos , sino los mismos inventores del erotismo. De hecho en las películas francesas suelen verse algún que otro cuerpo desnudo:  una clara señal de nuestra moral relajada. La Torre Eiffel  tendría un efecto afrodisíaco inmediato sobre cualquier ser humano. Y otro indicio: se dice que los niños vienen de París. ¡Es un país donde claramente nos la pasamos fabricando bebés!

Si no dispongo de ninguna estadística acerca de la vida sexual de mis compatriotas, en cambio tomé consciencia de esta realidad cinematográfica.  Puede ser que el recuerdo de las prostitutas francesas muy comunes en Buenos Aires a principios del siglo XX – acuerdense de Madame Ivonne, la pebeta del barrio latino cantada por Gardel –  quedó en el imaginario colectivo. O tal vez esta distorsión se explica por una costumbre argentina desconocida en Francia: el histeriqueo. Técnica de seducción de las más entrañas para mí. Consiste en no mandar señales de interés a este chico que tanto te gusta: es más, cuánto más te gusta, menos tenés que demostrarle. Los hombres, acostumbrados a insistir y insistir, se quejan del histeriqueo pero a todos les encanta llamar la atención del otro sexo.  Es un juego sútil, cuyas reglas nunca entendí muy bien. El simple hecho de empezar una conversación con un hombre sin hacerse la indiferente resulta ser a veces malinterpretado.

5. El francés es elegante

Francia es el país de la elegancia, el arte y la moda. (Claramente si vieron ahora mismo como voy vestida y peinada – como casi todos los domingo en  casa – comprobarían que soy muy poca francesa en este sentido.) Podría a asustar a más de uno cualquier día a la hora del desayuno.

En Recoleta sin embargo los antiguos palacios de las familias más adineradas – como el palacio Ortiz Basualdo, actual embajada de Francia –  demuestran que en algún momento París era un modelo estético. En Recoleta, me cruzo con esta señora de cierta edad, envuelta en un inmenso chal, con anteojos de sol y olor a perfume caro. Me cuenta que suele ir a la “Alliance” a tomar clase o a ver alguna conferencia y como soy francesa, se siente obligada en insistir en su amor por la cultura y las obras del teatro Colón. Seguramente, esta misma señora es una habitué de los restaurantes Croque Madame. Ignora sin duda que el croque-madame  en Francia es un plato muy popular y no se caracteriza por ser especialmente refinado:  consiste en un pan tostado de jamón y queso con un huevo frito encima: un especie de  chivito o de sandwichito de miga a caballo…  A penas más complejo en su preparación que el choripan nacional… A lo mejor su hija o su nieta de veinte años recién cumplidos se llame Ivonne o Nicole. El día que vaya a visitar Francia es muy probable que la miren con ojos extraños. La única Yvonne que conocerá ya tendrá un pie en la tumba, contemporánea de Gardel o amiga de Mirta Legrand, mientras las Nicole ciertamente rondará los 70 años.

 

6. En Francia tenemos euros, todo está resuelto

Un país donde no se hable de inflación, donde la economía es estable y donde uno no se preocupa del precio del dólar: esto es una definición del paraíso para muchos argentinos que desgracidamente viven en una incertidumbre crónica. Tener euros entonces, sería la solución a todo.

Sí, es cierto, en Francia podés ahorrar sin que la plata pierde su valor de un año para otro, podés tener muchos beneficios sociales – los mismos que existen acá como la asignación universal por hijo y otros como el seguro de desempleo, el subsidio para el alquiler o 5 semanas pagas de vacaciones sin condiciones de antigüedad. Sin embargo, el simple hecho de tener euros no basta para resolverlo todo: a algunos franceses también les cuestan llegar a fin de mes. Las manifestaciones de los chalecos amarillos de los últimos meses demostraron que los problemas sociales también existen allá. Una vez mencioné este ejemplo a alguien de un optimismo indestructible y una fe sin límites hacia mi país. Encontró en eso un motivo más de admiración: desde la Revolución de 1789, Francia sería un modelo también para la revindicación social.

 

Esta nota en francés participó al encuentro virtual #histoireexpatriées creado por el blog L’occhio de Lucie. Cada mes, franceses viviendo en varios países del mundo escriben sobre una temática común.

Fotos: www.pixabay.com ,  www.wikipedia.com

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